Patrones de impacto del narcotráfico sobre los espacios protegidos en Centroamérica nos alertan sobre los riesgos para el país

  • Afectación al turismo e inversión extranjera sería inminente de convertirse las áreas silvestres protegidas de Costa Rica en espacios controlados por el tráfico de drogas

La Fundación Neotrópica en asocio con Earth Economics, exponen su más reciente estudio regional Impactos de la narco-deforestación en las áreas protegidas de Centroamérica, en la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica.

El objetivo principal de la investigación consiste en presentar los resultados de una estimación del daño ambiental actual y potencial que se ha detectado históricamente en razón de esta actividad ilícita desde el año 2006, cuando cambiaron los patrones del tráfico en América Central, así como documentar y analizar los Conflictos Ecológicos Distributivos (CED), que puedan estar relacionados con el tráfico de drogas y la presión que generan sobre las áreas silvestres protegidas, usando como lugares de estudio 5 puntos calientes a través de la región:

  1. Reserva de la Biósfera Maya en Guatemala.
  2. El Corazón del Corredor Biológico Mesoamericano (CBM): Reserva de la Biósfera Bosawás en Nicaragua y Reserva de la Biósfera Tawahka - Asagni / Parque Nacional Patuca, Reserva de la Biósfera Río Plátano en Honduras.
  3. Reserva de la Biósfera Darién - Comarca Emberá - Wounaan, en Panamá.
  4. Reserva de la Biósfera Xiriualtique - Jiquilisco en El Salvador.
  5. Área de Conservación Osa (ACOSA) en Costa Rica.

Los resultados revelan la problemática regional que está teniendo consecuencias serias en lo que respecta a la combinación de las razones tradicionales por las cuales se ocasiona la deforestación con un detonante nuevo que complica las cosas, tratándose de un actor que no solamente opera en la informalidad sino que también tiene un gran poder económico y de violencia asociados.

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Estos factores se manifiestan no solamente en pérdidas económicas sino en pérdidas que puede afectar la calidad de vida y seguridad de la región, siendo los campesinos, ambientalistas e indígenas los más afectados. Los investigadores proponen que entre un 30-60% de las pérdidas por deforestación en las áreas protegidas de la región son atribuibles a la narco-actividad lo que implicaría que las pérdidas por servicios ambientales, producto de la deforestación por tráfico de cocaína, de 2001 a 2010 le costaron a Centroamérica hasta $88 millones al año. El valor agregado del tráfico en Centroamérica se estima hasta en $2.500 millones al año.

Por otra parte, los niveles de presión y conflictividad que estas redes están generando sobre las reservas naturales de la región centroamericana amenazan sin distinción la institucionalidad, gobernabilidad y seguridad de la región, presentándose América Latina como la zona más peligrosa para los ambientalistas, siendo 2015 el año con mayor cantidad de homicidios con un registro de 122. Guatemala y Honduras se presentan como los países con mayores niveles de muertes y violencia.

La reducción en el valor de los servicios ecosistémicos en todas las zonas calientes es tendencia con excepción de ACOSA en Costa Rica donde se da un aumento de cobertura, exceptuando las zonas de manglares. Las zonas que registran mayores pérdidas son la RB Darién-Comarca Emberá, RB Maya y Corazón del CBM con pérdidas de hasta $267 por hectárea. La pérdida total agregada en la mediana de las zonas calientes es de $1,3 mil millones. Ello equivale a una pérdida anual de $146,7 millones.

Según Bernardo Aguilar, Director Ejecutivo de la Fundación Neotrópica y parte del grupo investigador, “posiblemente la parte más importante en donde se debe tomar nota es que a pesar de que en nuestro país no tenemos la cantidad de deforestación anómala que se ha manifestado en el resto de la región, sí tenemos amenazas al sistema de gobernanza ambiental que se manifiesta en conflictividad como signo de la presión que está ejerciendo la actividad del narcotráfico”.

“La lección es importantísima porque nuestro sistema es el que ha sido más exitoso pero también el que arriesga más, porque ningún país en América Central depende tanto de la efectividad de sus áreas silvestres protegidas para efectos de sus ingresos en divisas como es el caso de Costa Rica, cuyos ingresos por exportación dependen en un 20% del turismo”, aseveró.

Según Kendra Mcsweeney, investigadora de la universidad estatal de Ohio, las políticas de control de drogas, más que reducir el tráfico han causado la reubicación del mismo, significando una inyección de hasta el 15% del Producto Interno Bruto (PIB), en las economías de las naciones en las que sucede.

Por otra parte el doctor Gustavo Gutiérrez, catedrático y profesor de biología de la Universidad de Costa Rica, hace un llamado a las instancias de seguridad, institucionalidad ambiental y sociedad civil para la articulación y fortalecimiento del sistema de gobernanza ambiental participativa para que sirva como vehículo para prevenir las consecuencias del narcotráfico, siendo un país donde el 85% o más de los turistas admiten que una de las razones principales es visitar las áreas silvestres protegidas, espacios donde sólo se destina poco más de un quinto de un 1% del presupuesto nacional.

En tal sentido, es imprescindible que no solamente lo gobiernos de la región reconozcan la importancia de la inversión en la gobernanza ambiental participativa sino también las fuentes de ayuda externa que en algunos casos alimenta la mayoría del presupuesto que se dedica a la manutención de las áreas silvestres protegidas en América Central y en particular en Costa Rica. Estamos seguros que el país maneja está información, posiblemente en algunos aspectos en una forma mucho más profunda. Se debe estar preparados para la discusión que involucra a todos los actores que tienen el interés en el sistema de conservación del país y la rendición de cuentas por parte de las autoridades que tienen misiones en las cuales no necesariamente esa participación es tan abierta.

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